Seré feliz si...

Jesús llama bienaventurados a los que tienen el corazón puro (Bienaventurados los puros de corazón porque verán a Dios (Mt 5,8)), es decir a quienes conservan en su corazón pensamientos de amor, de misericordia, de pureza, de sinceridad, de desapego hacia lo que puede ser un obstáculo para seguir a Jesús y las leyes divinas.

Miremos a María, ella es la criatura pura de corazón por excelencia; en ella no había intereses personales, apegos a las cosas, ni siquiera a sus proyectos, sino sólo a la voluntad de Dios. Así muchos santos, muchos chicos y chicas que tratan de tener su corazón puro, sienten claramente la presencia de Dios. No lo ven con los ojos, porque Él es espíritu puro, pero reconocen su voz que les guía, su amor en lo que sucede y, en los momentos difíciles, gozan de la alegría de su compañía.

¿Cómo podemos vivir como “puros de corazón” cuando muchas cosas a nuestro alrededor (la publicidad, los medios de comunicación…) a menudo nos proponen un estilo de vida contrario?

Estar atento para “ver” a Dios en los demás y tratar con respeto a las personas que encuentro, puede ser una buena forma de intentarlo. Tomás y Anna nos cuentan su experiencia, tratando de vivir contracorriente:

"Mi experiencia empieza cuando el año pasado mi hermano y yo estábamos viciados a un juego de ordenador. El estar tan viciados no dejaba que fluyese el amor en mi familia, ya que a veces ni dejábamos trabajar a mi madre con el ordenador, y eso llevaba a que mi madre se enfadase. Tampoco queríamos ir de excursión, no por el hecho de que no nos gustara si no porque queríamos jugar más al ordenador y eso no facilitaba para nada el amor y las experiencias en familia. Mi madre nos borró el juego unas cuantas veces, pero nosotros lo volvíamos a instalar hasta que se rompió el ordenador porque era bastante viejo. Al cabo de un mes o así volvimos a tener un nuevo ordenador, pero esta vez, decidimos toda la familia que no íbamos a instalar el juego, ya que así tendríamos más tiempo en familia. Y así ha sido."

Tomàs

"Hubo una temporada en la que mi madre y mi padre estaban muy enganchados al móvil por culpa del trabajo o por asuntos familiares. Durante esas semanas me dieron a mí el primer móvil y yo, al ver que mis padres estaban chateando todo el rato, también empecé a perder el tiempo con él. Luego me cambiaron de móvil y mi hermano pequeño lo cogió para jugar. Él, al ver que estar con el móvil era normal (pues en casa estábamos todos allí con el aparato) también entró en el círculo. Al final, todos nos dimos cuenta de que teníamos un problema y entonces ahora cuando entramos a casa, dejamos los móviles en una caja en el mueble del comedor."

Anna


Castellón, a 27 de febrero, de 2018.

1 comentario :

  1. Muchas gracias por vuestros comentarios, nos hacen reflexionar sobre las cosas cotidianas.Un abrazo

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